El Mortirolo

sábado, 7 de abril de 2007

El camino de Rinaldo Nocentini

Como cada año, el Gran Premio Miguel Induráin da comienzo a la Semana Grande del ciclismo vasco. Esta temporada, la prueba ha sufrido modificaciones en su recorrido, tratando de este modo que la carrera llegase a su parte final más seleccionada que en anteriores ediciones. Si el año pasado ya se introdujo la subida Puy como final de carrera, esta temporada la novedad ha estado en el doble paso por Guirguillano. Se da la casualidad, de que en ambas ocasiones el vencedor ha sido un corredor extranjero. El alemán Fabian Wegmann en 2006 y Rinaldo Nocentini esta temporada. El italiano de AG2R suma de este modo su segunda victoria, después del triunfo de etapa en el Mont Faron a principios de febrero.

Rinaldo Nocentini es uno de esos fenómenos que ya apuntan desde jóvenes pero a los que les cuesta eclosionar. El de Montevarchi cumplirá 30 años a final de la presente campaña y es profesional desde 1999. Sin embargo, no empezó a brillar con luz propia, ésa que tienen los grandes ciclistas, hasta 2006. Demasiado tiempo para un corredor que consiguió la medalla de plata en los Mundiales de 1998, celebrados en Valkenburg, en la categoría sub 23. Nocentini formó parte del recital transalpino en las carreteras holandeses. Cuidado con el podio de la prueba en ruta: oro Iván Basso, plata nuestro protagonista, Rinaldo Nocentini, y bronce Danilo Di Luca. Casi nada. Si bien Basso y Di Luca comenzaron a demostrar su calidad mucho antes que su compañero de selección, Nocentini ha necesitado mucho más tiempo para formarse como corredor y lograr parte de lo que de él se esperaba.

Rinaldo apuntaba tanto que pasó a profesionales en el mejor equipo del momento, nada más y nada menos que el estratosférico Mapei de finales de los 90, con plantillas que llegaron a rondar los 40 ciclistas. Quiza, precisamente por la grandeza del conjunto, Nocentini se perdió en la marabunta de la formación de Squinzi. El comienzo fue glorioso, en pleno mes de enero y durante la temporada de su estreno en profesionales, Nocentini lograba el triunfo en dos etapas en el Tour del Langkawi, una prueba menor pero que bien valía páginas y páginas en la prensa italiana hablando de la futura figura. Sin embargo, ni lo que restaba de esa campaña y no en las dos siguientes en el seno de Mapei, Nocentini lograría victoria alguna.

Aún cuando en esas tres temporadas, el italiano no había conseguido, ni de lejos, confirmar todo lo que prometía en categorías inferiores, Nocentini recibió una oferta de Fassa Bortolo, la escuadra dirigida por Giancarlo Ferretti y que contaba con corredores de la calidad de Ivan Basso o Michele Bartoli. El año fue para olvidar, ni siquiera disputó las mejores pruebas del calendario y a final de esa campaña dio por acabado todo el crédito con el que contaba cuatro años atrás cuando pasó a la máxima categoría. En esas, llegó Stefano Giuliani. El mánager del Formaggi Pinzolo ofreció a Nocentini una nueva oportunidad para asentarse en profesionales. El italiano no la desparovechó, ya que consiguió reencontrarse con la victoria venciendo en el Giro de Toscana. Nocentini comenza a demostrar que lo suyo son las pruebas de un día de final de temporada.

Su buena temporada le valió fichar por un conjunto de mayor categoría, el Acqua Sapone de Palmiro Masciarelli. En pocos años, Nocentini ya había recorrido cuatro equipos. Sin embargo, en el conjunto rosso encontró la tranquilidad que no tenía en otras escuaras. En tres años logró cinco victorias: etapa en Polonia, Subida al Naranco, Giro de los Apeninos, Giro del Veneto y Coppa Placci. La pena es que sólo pudo disputar el Giro en 2004, porque la llegada del Pro Tour cerró las puertas de su equipo a la corsa rosa. Irónicamente, han sido las buenas actuaciones de Nocentini, y las de Andrea Tonti, las que han servido para que Acqua Sapone recuperara esa invitación, a pesar de la marcha de los dos. Y es que esta temporada, Nocentini ha vuelto a un conjunto de primera línea, ahora Pro Tour, fichando por AG2R, un equipo en el que tendrá responsabilidad en la Semana de las Árdenas y en todas aquellas pruebas que tan bien se adaptan a sus características, como el Gran Premio Miguel Induráin.