El Mortirolo

domingo, 1 de abril de 2007

Mi deuda con Freire

Hace una semana Óscar Freire se hacia con su segunda Milán - San Remo. La acumulación de trabajo me impidió entonces hablar sobre la nueva hazaña del de Torrelavega. Alguno de los lectores del blog me pidió esa entrada y yo, al considerar que ya había pasado demasiado tiempo desde que Freire levantó los brazos en Vía Roma, la pospusé para cuando Óscar lograr un nuevo éxito, algo que no tardaría en llegar. Pues bien, ha pasado tan sólo una semana y el corredor de Rabobank vuelve a ser protagonista tras vencer por tercera vez en la Flecha Brabançona, semiclásica belga previa al Tour de Flandes.

El motivo de que Freire haya conseguido tripitir en esta prueba lo encontramos en su recorrido. A pesar de desarrollarse en terreno Flandrien, la Flecha Brabançona dista de otras pruebas vecinas como el propio Tour de Flandes o Harelbeke. Los muros de Brabante son bastante más suaves que Kwaremont, Kappelmuur o Bosberg, jueces de paz el próximo domingo. Con esto no quiero decir que la victoria de Freire tenga menos valor. Ni mucho menos. El cántabro ha combinado a la perfección las dos características que han hecho de él un corredor de talla mundial: su excepcional maestría a la hora de leer las carreras y su gran punta de velocidad. Siempre por ese orden.

Su equipo se ha volcado con él y ha servido en bandeja esta victoria, algo que no es nuevo. En las primeras temporadas de Óscar en Rabobank, eran muchas las voces que criticaban la labor de los naranjas en defensa de quien debiera ser su número uno. Sin embargo, a pesar de algunos fallos tácticos asumibles en cualquier formación, en los dos últimos años el trabajo de los holandeses en favor de Freire ha sido de notable alto. Échemos la vista atrás. La temporada pasada, en esta prueba, llegaban destacados a Alsemberg Juan Antonio Flecha, Óscar Freire, Nick Nuyens y Karsten Kroon. Flecha impidió que cualquiera de los saltos de los contrincantes con los que Rabobank contaba en la fuga tuvieran éxito y sirvió en bandeja el triunfo al cántabro. Esta temporada la resolución era más compleja si cabe para Freire. Nuyens y Kroon volvían a estar en el grupo de cabeza pero además también había que vigilar las ruedas de Kirchen, Leukemans y Gasparotto, ya dije tras A Través de Flandes que el italiano me transmitía unas sensaciones formidables. Por lo demás, en vez de con Flecha, Freire contaba con Michael Boogerd.

También habría que tener en cuenta que el trabajo de los Rabobank comenzó muchos kilómetros atras. El recuperado para la causa Koos Moerenhout y el aussie William Walker se encargaron de echar abajo una fuga peligrosa, que contaba con Luca Paolini, ya dentro del circuito final al que se dieron seis vueltas. Eso sí, para la galería queda la fuerza de Michael Boogerd enfrente del grupo de elegidos, dando caza en la última subida en Alsemberg el belga Bjorn Leukemans, quien pagó sus esfuerzos en este último repecho del día. En el sprint final, todos iban con la luz de la reserva encendida, incluido Freire, pero el de Rabobank se impuso sin problema alguno a Nick Nuyens y Kim Kirchen.

Falta una semana para Flandes y la gran incógnita está en saber si Freire podrá estar delante en una prueba con sesenta kilómetros más y, sobre todo, unos muros capaces por si solos de cambiar el día al más pintado. Flandes es otro mundo y en ese planeta Freire aún no ha demostrado poder luchar de tú a tú frente a los Boonen o Cancellara. Sin embargo, el cántabro es un fuori classe, un corredor capaz de lograr aquello que pocos creen posible. El sábado falló en el Kwaremont camino de Harelbeke pero en siete días podríamos ver la otra cara de la moneda, la misma que hoy en Flecha Brabançona. Los foros de ciclismo ya echan humo, las apuestas se centran en La Locomotora de Roubaix y Tom Maravilla pero casi todos, con corazón y cabeza a partes iguales, confìan en que Óscar Freire nos dé la victoria en terreno inhóspito para el ciclismo español. Por cierto, Ventoso no estará en La Panne, quizá la teoría de Sergio de no dejarse ver y buscar la sorpresa esté en la cabeza de Matxín.