El Mortirolo

domingo, 27 de mayo de 2007

Giro en mayúsculas

En estados carenciales de credibilidad, orgullo y confianza, etapas como la de ayer en el Giro de Italia son suficientes para revivir la pasión por este tullido deporte. No importa desde donde caigan los golpes. Da igual que la plana mayor del ciclismo de la última década cante por bulerías lo que muchos conocen desde hace un par de lustros. La pasión por el ciclismo renace a cada golpe de pedal, a cada ataque furibundo, a cada relevo furtivo entre compañeros del destino.

Gilberto Simoni es un tipo atípico en esto de dar pedales. Los ciclistas de hoy en día suelen ser personas reservadas, muy poco propicias a soltar su lengua del modo en que los corredores de antaño solían hacerlo. Sin embargo, Simoni es distinto. Si él piensa algo lo dice. No importa quien se lleve por delante y que éste sea compañero, rival o hermano. Además, si se encuentra en el Giro de Italia, su gran carrera, la licencia del trentino para expresar todo lo que pasa por su cabeza se acrecenta aún más. Es su mes del año, el momento en el que florece todo su esplendor y destapa el tarro de las esencias del ciclismo de ataque, el ciclismo que suele caer en el olvido en la mayoría de pruebas. Tanto Matxín como Gianetti, sus jefes en Saunier Duval, conocen el carácter de su pupilo pero como se suele decir "yo soy así, o me tomas o me dejas" y la dupla del conjunto amarillo decidió tomar a Gibo desde el mismo instante en que este firmó el contrato con la escuadra cántabra. No importa que durante el resto del año sus apariciones no destaquen del mismo modo que en su mes mágico. Simoni fue fichado para vencer en una grande y, aunque de momento no lo ha conseguido, no se puede decir que el italiano no haya puesto todo de su parte. El año pasado se alzó con el tercer puesto en el podio de Milán, siendo el único ciclista capaz de atacar al Imperial Basso de 2006.

Ayer, camino de Bérgamo, Simoni volvió a ofrecernos otro de esos recitales con los que suele alegrarnos mayo a los aficionados al ciclismo. ¡Qué más da que San Marco se encontrase a muchos kilómetros de meta! El Giro es una gran carrera, merece un respeto por parte de sus corredores y Gibo lo sabe. En el ciclismo, como en la vida, se puede perder pero siempre hay que intentarlo hasta allí donde cada uno puede dar lo máximo de sí. Simoni no tiene límites cuando del Giro se trata. Bien es cierto que la fuga de ayer no la inició él pero también conviene destacar que el vencedor de dos Giros fue el corazón de la escapada, quien impidió que el remoloneo cundiese en algún momento. No en su carrera. Como ya he comentado Gibo no iba sólo, a su lado grandísimos corredores trataban de que los escapados consiguieran la máxima ventaja posible respecto al grupo de la maglia rosa. Paolo Savoldelli - dos Giros de Italia-, Stefano Garzelli - un Giro-, Paolo Bettini - Campeón del Mundo-, Iván Parra - el gran animador en montaña en esta edición y en 2005-, Fortunato Baliani - Un malagueta a la italiana y mucho mejor en montaña-, y Eddy Mazzoleni - el tapado de este Giro- llegaron con ventaja a Bérgamo respecto al resto de favoritos, básicamente Di Luca y Cunego.

Sin embargo, la lucha comenzó mucho antes. Exáctamente en el descenso del Colle di San Marco. Paolo Savoldelli, quien sin duda es el mejor bajador del ciclismo actual, se llevaba consigo a su compañero Eddy Mazzoleni y a Stefano Garzelli. Destacable la actuación del Falco que, después de perder todas sus opciones en la general debido a la pista deslizante de Pinerolo, ha sabido reconvertirse en un gregario sin fisuras en favor de su nuevo líder. A Paolo no se le han caído los anillos por apoyar a aquél que acudía a esta carrera con la intención de ayudarle a él. Cambio de papeles muy bien llevado por los dos italianos de Astaná. No todos los capos hubieran sabido encajar el golpe y la mayoría se habría desentendido de la carrera. Por ello, un diez para Savoldelli.

Tras este primer terceto aparecía un segundo capitaneado esta vez por los corredores de Acqua Sapone Stefano Garzelli y Massimo Codol. El líder de los jaboneros es otro de los corredores que pone especial atención en esta carrera y que dá lo mejor de sí cada vez que se enfrenta a las carreteras de la corsa rosa. Junto al dúo de Masciarelli aparecía Gilberto Simoni. Mientras tanto, por atrás los Lampre, con tres hombres clasificados entre los cinco primeros de la general, y Liquigas veían como se marchaba el tren. Probabilidad de hundimiento. Por delante marchaban seis buenos ciclistas que se fusionarían al final de la bajada y, además, los restos de la fuga del día con gente dispuesta a trabajar en Dossena, caso de Ibán Mayo. No pintaban nada bien las cosas para Di Luca y Cunego quienes, incomprensiblemente, habían dejado ir delante de ellos nada menos que cinco Giros de Italia.

La lucha estaba servida. Por delante todos entraban al relevo, Baliani se escaqueaba de un modo más que justificado, y por detrás los hombres de Lampre, dirigidos por un excepcional Paolo Tiralongo, intentaban mantener una distancia que apenas subía del minuto. Es de alabanza el movimiento de los fugados pero no menos la actitud de Di Luca. Otros se habrían venido abajo moralmente tras el golpe que supuso el ataque de tantos primeras espadas. En cambio, el de Spoltore resistió como un jabato y no se rindió en ningún momento. Nibali, Wegelius, Pellizotti, Tiralongo y Patxi Vila contra todos los fugados. La balanza estaba muy equilibrada, tanto que durante muchos kilómetros la distancia se mantuvo inamovible. Di Luca debía estar dando gracias por el fallo táctico de los discípulos de Martinelli.

En Bérgamo la victoria correspondía a Stefano Garzelli, que lograba el primer triunfo en este Giro para su formación. Acqua Sapone ha corrido a lo grande. Nunca ha buscado las fugas bidón, aquellas en las que sólo se busca publicidad, sino que se ha mantenido alrededor de su líder durante toda la primera fase de carrera. Ahora llega una gran victoria que justifica por sí sola su presencia en la prueba. Simoni, que se clasificaba segundo, era fiel a sus principios y nada más cruzar la meta se quejaba de los movimientos de una moto de carrera. Genio y figura. Por su parte, Di Luca no sólo mantenía el rosa sino que minizaba las diferencias con un duro ataque en el último repecho por las calles de la ciudad bergamasca. Cunego, a la chita callando, también continúa con una posición más que privilegiada en la general

Y atentos a lo de hoy. Llegan las Tres Cimas de Lavaredo, la cumbre más renombrada - junto al Zoncolan- desde la presentación de esta edición del Giro. No se asciende a Lavaredo desde 1989 y entonces venció Lucho Herrera, lo que habla por sí solo de la dureza de esta anhelada subida. Lo mejor para nosotros y para Simoni es que Lavaredo no viene solo. Junto a él San Pellegrino, Passo Giau y Tre Croci, terreno propicio para una nueva escabechina, más aún teniendo en cuenta el desgaste de todos los favoritos en el día de ayer. ¿De todos? ¿ Y Cunego?